Romanos 12:6
Servir y enseñar
“O si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza.”
Introducción
¿Quién sostiene el trabajo cotidiano de la iglesia cuando nadie lo ve?
¿Es más importante quien predica desde el púlpito que quien sirve silenciosamente a los demás?
¿Estamos usando los dones que Dios nos ha dado o los estamos dejando sin desarrollar?
Dios ha dado diferentes dones a cada creyente para la edificación de su iglesia. Algunos sirven ayudando a otros y otros enseñan la verdad de Dios con claridad, pero todos son igualmente necesarios.
Pablo enseña que cada don debe ejercerse con dedicación y fidelidad, pues ha sido otorgado por la gracia de Dios para el beneficio de todo el cuerpo de Cristo.
Desarrollo
El don de servicio se refiere a una capacidad especial dada por Dios para ayudar y atender las necesidades de otros. De hecho, el don de “los que ayudan” es una capacidad especial para el servicio, y está estrechamente relacionado con el don de “servicio” o “ministerio”.
Ambos conceptos describen a creyentes que Dios capacita para sostener y fortalecer la vida de la iglesia mediante labores prácticas y necesarias (1 Co. 12:28).
Se trata de personas que encuentran gozo en servir, apoyar y colaborar donde exista una necesidad, sin buscar reconocimiento personal. Aunque muchas veces su labor pasa desapercibida, su contribución es esencial para el crecimiento, el orden y la edificación del cuerpo de Cristo.
Pablo también menciona el don de enseñanza, que consiste en la capacidad dada por Dios para interpretar, organizar y explicar con claridad la verdad bíblica. Un ejemplo de este don se encuentra en Apolos, quien era poderoso en las Escrituras y enseñaba diligentemente acerca del Señor (Hch. 18:24–25).
Asimismo, Pablo instruyó a Timoteo para que transmitiera la sana doctrina a hombres fieles que también fueran capaces de enseñar a otros (2 Ti. 2:2).
Aunque los pastores deben ser aptos para enseñar (1 Ti. 3:2) y capaces de exhortar con sana doctrina (Tit. 1:9), este don no está limitado al liderazgo pastoral. Dios también lo concede a creyentes maduros que pueden instruir, discipular y fortalecer espiritualmente a otros mediante la exposición fiel de las Escrituras.
Los dones no son reconocimientos honoríficos, sino responsabilidades. Por ello, 1 Pedro 4:10–11 exhorta a cada creyente a ministrar a los demás conforme al don recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
Conclusión
Los dones de servicio y enseñanza son regalos de la gracia de Dios para el beneficio de la iglesia. Pablo nos exhorta a ejercerlos con fidelidad: el que sirve, que sirva; y el que enseña, que enseñe.
Cuando usamos nuestros dones para la gloria de Dios, el cuerpo de Cristo es fortalecido y edificado.
Aplicación
Dios ha dado dones diferentes a cada creyente. Algunos sirven ayudando en las necesidades prácticas y otros enseñan la Palabra de Dios.
Cada uno debe ocupar su lugar y servir al Señor con dedicación.
Servir con entrega, enseñar con fidelidad
La iglesia es edificada cuando cada creyente usa con humildad y compromiso los dones que Dios le ha confiado.

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