“¿Lo tienes? ¡Úsalo!”
Romanos 12:6
“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe”.
Introducción
- ¿Quién decide qué función debe desempeñar cada creyente dentro de la iglesia?
- ¿Los dones espirituales dependen de la capacidad humana, la posición social o la gracia de Dios?
- ¿Estamos utilizando los dones que Dios nos ha dado para servir y edificar a otros?
Los creyentes poseen diferentes dones, no porque los hayan ganado por mérito propio, sino porque Dios los ha distribuido soberanamente según Su gracia. Ningún don es producto del prestigio, la experiencia o la posición dentro de la congregación. Es Dios quien capacita y asigna a cada miembro la función que debe desempeñar dentro del cuerpo de Cristo.
Desarrollo
Pablo enseña que los creyentes poseen diferentes dones espirituales, distribuidos por Dios según Su gracia. Entre ellos menciona la profecía, término que literalmente significa “hablar hacia afuera”. En este contexto, no se refiere principalmente a predecir acontecimientos futuros ni a experiencias místicas, sino a la capacidad de proclamar públicamente la Palabra de Dios para instruir, exhortar y edificar a la iglesia.
Sin embargo, este don debía ejercerse conforme a la medida de la fe. La expresión puede entenderse como una referencia al conjunto de verdades reveladas por Dios, es decir, la doctrina cristiana transmitida por los apóstoles. Por esta razón, quien proclama la Palabra debe hacerlo en completa armonía con las Escrituras, evitando enseñar ideas que contradigan el evangelio (Judas 3). También implica que cada creyente debe comunicar la verdad de acuerdo con el entendimiento que Dios le ha concedido, manteniéndose siempre sujeto a la revelación bíblica (2 Timoteo. 4:2).
Además, Pablo enfatiza que la distribución de los dones no depende de la posición social, la influencia o el prestigio de una persona dentro de la congregación. Es Dios mismo quien asigna y capacita a cada creyente para su servicio. De esta manera, el ministerio cristiano no está reservado para quienes poseen mayor reconocimiento humano, sino para aquellos a quienes Dios ha equipado por Su gracia.
Esta enseñanza promueve la humildad y la unidad dentro de la iglesia. Cada creyente recibe de Dios una función particular y es responsable de ejercerla fielmente para la edificación del cuerpo de Cristo. Lo importante no es el estatus de quien sirve, sino la fidelidad con la que utiliza el don que Dios le ha concedido.
Conclusión
Dios ha dado diferentes dones a los creyentes para la edificación de Su iglesia, y cada uno debe usarlos con fidelidad y dependencia de Él. El don de profecía consiste en proclamar fielmente la Palabra de Dios, siempre en armonía con la doctrina revelada en las Escrituras.
Este pasaje nos recuerda que los dones no son asignados por méritos, posiciones o reconocimiento humano, sino por la gracia soberana de Dios.
Aplicación
Cada creyente debe reconocer que Dios le ha dado capacidades espirituales para servir dentro de la iglesia. En lugar de compararnos con otros o buscar posiciones de reconocimiento, debemos usar fielmente los dones que hemos recibido para edificar a nuestros hermanos.
Si Dios nos ha dado oportunidades para enseñar, exhortar, servir o compartir Su Palabra, hagámoslo con humildad, fidelidad a las Escrituras y dependencia del Espíritu Santo. Lo importante no es el don que tenemos, sino que lo usemos para la gloria de Dios y el beneficio de Su pueblo.

Deja una respuesta