Cuando la palabra tiene la última palabra

Mes de la Biblia

Cuando la Palabra
tiene la última palabra

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.”

2 Timoteo 3:16

Introducción

Preguntas para comenzar

  • ¿Quién tiene la última palabra cuando debemos decidir qué creer?
  • ¿Todo lo que enseña un pastor, predicador o maestro debe aceptarse sin examinarlo?
  • ¿Qué hacemos cuando nuestras ideas o sentimientos contradicen lo que enseña la Biblia?
  • ¿Significa Sola Scriptura rechazar toda tradición, autoridad o enseñanza fuera de la Biblia?
  • ¿Es la Biblia la única autoridad para el creyente?

Durante el Mes de la Biblia no solamente queremos recordar la importancia de leer las Escrituras, sino comprender el lugar que deben ocupar en la vida del creyente y de la Iglesia. Pablo afirma que “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16), estableciendo una característica que la distingue de cualquier otra autoridad.

La doctrina de Sola Scriptura parte de esta convicción: la Biblia no es la única autoridad que existe, pero sí la autoridad suprema para nuestra fe y doctrina.

En este estudio veremos qué significa esta afirmación, qué cosas no significa Sola Scriptura y, sobre todo, qué implica vivir reconociendo que la Palabra de Dios tiene la última palabra.


Desarrollo

1

La Escritura procede de Dios

“Toda la Escritura es inspirada por Dios…”

Pablo comienza explicando qué hace única a la Escritura: es inspirada por Dios. La palabra griega theópneustos expresa precisamente esta idea: la Escritura procede de Dios.

Por eso, su autoridad no depende de que una iglesia, un concilio o una persona se la conceda. La Iglesia reconoce su autoridad, no la produce.

Si la Escritura procede de Dios, entonces no estamos simplemente ante buenos consejos religiosos: estamos ante una Palabra que tiene autoridad sobre lo que creemos y cómo vivimos.

2

Sola Scriptura: la Biblia como autoridad suprema

Sola Scriptura no significa que la Biblia sea la única autoridad existente. Tenemos pastores y maestros; también podemos aprender de la historia de la Iglesia, de los credos, de los concilios y de otros creyentes.

La Escritura es la autoridad suprema para nuestra fe y doctrina, y toda otra autoridad debe estar sometida a ella.

Un pastor puede equivocarse. Un maestro puede equivocarse. Una tradición puede equivocarse. Incluso nosotros podemos equivocarnos. Todos somos falibles; la Escritura, por proceder de Dios, es infalible.

Por eso, ninguna enseñanza debe aceptarse únicamente por la autoridad de quien la pronuncia, sino que debe ser examinada a la luz de la Palabra de Dios. Por tanto, frente a cualquier enseñanza debemos preguntarnos:

¿Qué dice la Escritura?

3

Sola Scriptura no significa “solo yo y mi Biblia”

Reconocer la autoridad suprema de la Escritura tampoco significa rechazar a los maestros, la Iglesia o la tradición cristiana. Podemos aprender de ellos y reconocer su valor.

El punto es que ninguno de ellos es infalible ni está por encima de la Palabra de Dios. Podemos escuchar muchas voces, pero todas deben ser examinadas por la Palabra.

Sola Scriptura no nos invita al individualismo, sino a colocar toda enseñanza bajo la autoridad de las Escrituras.

4

La Palabra enseña, confronta, corrige y forma

“…útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Enseña

Nos muestra la verdad.

Redarguye

Muestra nuestro error.

Corrige

Nos conduce nuevamente a lo correcto.

Instruye

Forma nuestra manera de vivir.

La Palabra enseña, mostrándonos la verdad; redarguye, mostrando nuestro error; corrige, conduciéndonos nuevamente hacia lo correcto; e instruye, formando nuestra manera de vivir. No basta afirmar que la Biblia es nuestra máxima autoridad. Debemos permitir que tenga autoridad también cuando contradice nuestras opiniones, deseos o costumbres. Por eso, la pregunta final no es solamente «¿Creemos en la autoridad de la Biblia?»

Cuando mi opinión, mis sentimientos o cualquier otra enseñanza contradicen la Palabra de Dios, ¿quién tiene la última palabra?

La Palabra de Dios tiene la última palabra.


Conclusión

Celebrar el Mes de la Biblia no consiste solamente en reconocer su importancia, sino en comprender por qué ocupa un lugar único en nuestra fe. La Escritura es inspirada por Dios y, por ello, constituye nuestra autoridad suprema para la fe y la doctrina.

Sola Scriptura no significa que no existan otras autoridades o que no podamos aprender de pastores, maestros o de la historia de la Iglesia. Significa que todas ellas son falibles y deben ser examinadas a la luz de la Escritura.

Pero reconocer esta verdad también tiene una consecuencia personal. Si la Palabra enseña, redarguye, corrige e instruye, debemos estar dispuestos a permitir que también corrija nuestras propias ideas, decisiones y manera de vivir.

Cuando lo que pienso, siento o escucho entra en conflicto con lo que Dios ha revelado en su Palabra, ¿quién tiene la última palabra?

La Palabra de Dios tiene la última palabra.


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