TEXTO CENTRAL
“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”
2 Pedro 1:20-21
Introducción
¿Cómo llegó la Biblia que hoy tenemos en nuestras manos?
¿Quién decidió qué libros debían formar parte de ella?
¿Fue la Iglesia quien convirtió determinados libros en Palabra de Dios?
La Biblia no apareció completa de un momento a otro. Dios fue revelando su Palabra progresivamente y, a lo largo de la historia, esos escritos fueron recibidos, reconocidos, preservados y transmitidos por el pueblo de Dios. Mucho antes de que existiera una colección completa, ya había escritos que eran considerados autoritativos y utilizados como norma para la fe y la conducta.
Este proceso es lo que nos introduce al concepto de canon bíblico. La Iglesia no hizo inspirados determinados libros ni les otorgó autoridad; reconoció la autoridad de los escritos que recibió como sagrados. Por eso, conocer cómo llegó la Biblia hasta nosotros no es solamente estudiar su historia, sino comprender mejor por qué las Escrituras ocupan un lugar fundamental en nuestra fe.
Desarrollo
01
La Escritura tiene su origen en Dios
Pedro comienza aclarando algo fundamental: la profecía de la Escritura “nunca fue traída por voluntad humana” (2 Pedro 1:20-21). Los autores bíblicos fueron hombres reales, pero el origen de su mensaje no estuvo simplemente en sus propias ideas, sino en Dios, pues hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Por eso, para comprender cómo llegó la Biblia hasta nosotros, debemos comenzar con la inspiración. Antes de existir una colección de libros reconocida como canon, Dios ya estaba revelando su Palabra mediante aquellos que había escogido.
La Escritura no tiene su origen último en el pensamiento del hombre, sino en Dios, quien decidió revelarse.
02
La revelación fue dada progresivamente
La Biblia no apareció completa de una sola vez. Dios fue revelando su Palabra a lo largo de diferentes momentos de la historia, incluso mientras continuaban apareciendo nuevos escritos, ya existían textos reconocidos como sagrados y autoritativos.
Por ejemplo, la Torá o Ley de Moisés ya funcionaba como una norma para Israel. Posteriormente, los profetas utilizaban esa revelación para evaluar la conducta del pueblo, denunciar el pecado e interpretar los acontecimientos de su tiempo. De esta manera, la revelación continuaba avanzando sin perder la autoridad de aquello que Dios ya había revelado.
La revelación avanzó progresivamente, pero aquello que Dios ya había revelado no perdió su autoridad.
PARA NUESTRA VIDA
Conclusión
La Biblia no nació simplemente del pensamiento humano; tiene su origen en Dios. Él decidió revelarse y utilizó hombres guiados por el Espíritu Santo para comunicar su Palabra (2 Pedro 1:20-21).
Y aunque Dios fue dando su revelación progresivamente a lo largo de la historia, cada palabra entregada tenía autoridad y cumplía su propósito en su momento. Dios fue mostrando cada vez más de su voluntad hasta conducir su revelación hacia su propósito.
Por eso, cuando abrimos la Biblia, no estamos simplemente leyendo palabras acerca de Dios: estamos acercándonos a la Palabra que Dios quiso darnos para que podamos conocerle, confiar en Él y vivir conforme a su voluntad.
DISCIPULADO · RELACIÓN · CUIDADO · MISIÓN

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