La salida está por arriba

Salmos 121:1–2 (RVR1960)
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.”

Introducción
¿Has estado en una situación muy complicada alguna vez? ¿De esas que llegan sin avisar y te dejan sin respuestas inmediatas?

En esos momentos solemos preguntarnos: ¿Cómo salgo de esto?, ¿qué hago ahora?, ¿por dónde empiezo? La realidad es que nadie está exento de enfrentar problemas o situaciones difíciles. Muchas veces aparecen de repente y nos toman desprevenidos.

Una enfermedad inesperada.
Un problema familiar.
Un suceso que cambia nuestros planes de un momento a otro.

En esos instantes, cuando las fuerzas humanas no alcanzan, necesitamos algo más… necesitamos dirección.

Idea central
La Palabra de Dios nos recuerda una verdad poderosa: cuando las soluciones humanas se agotan, Dios nos invita a levantar la mirada.

La verdadera salida no siempre está alrededor nuestro ni en nuestras propias fuerzas, sino por arriba, en Aquel que tiene el control de todo.

Desarrollo
Todos hemos escuchado acerca de la vida del rey David y las grandes dificultades que enfrentó: se enfrentó al gigante Goliat, fue perseguido injustamente por el rey Saúl y más adelante sufrió la rebelión de su propio hijo, Absalón.

Humanamente hablando, David tenía razones de sobra para vivir con miedo o desesperanza. Sin embargo, había una verdad que lo sostenía: su socorro venía del Señor.

En medio de los problemas, su confianza no estaba en su fuerza ni en su experiencia, sino en un Dios dispuesto a ayudarlo. David entendía algo fundamental: cuando todo parece cerrado, Dios sigue teniendo el control.

Por eso, cuando enfrentemos dificultades, hagamos como David: alcemos nuestros ojos al cielo. Nuestro socorro vendrá de Él, en el tiempo y de la manera correcta.

Si Dios hizo los cielos y la tierra, ¿no será capaz de darnos salida a nuestros problemas? ¡Claro que sí!

Aplicación
Hoy tal vez estés atravesando una situación que no entiendes o que parece no tener solución. Antes de rendirte, antes de angustiarte más, levanta tu mirada. Ora. Confía. Descansa.

No pongas toda tu atención solo en el problema; ponla en Aquel que es más grande que cualquier problema.

Conclusión
La salida no siempre está en nuestras fuerzas, en nuestras ideas o en nuestras estrategias. Muchas veces, la salida está por arriba, en Dios.

Cuando levantamos nuestros ojos al cielo, recordamos que no estamos solos y que nuestro socorro tiene nombre.

Reto o desafío
Esta semana, cada vez que enfrentes una dificultad, haz una pausa y ora antes de reaccionar. Levanta tus ojos, recuerda quién es tu socorro y declara con fe:
“Mi ayuda viene del Señor”.

Dios sigue abriendo caminos donde parece que no los hay.


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