La pregunta equivocada

Mateo 8:27 (RVR1960)
“Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?”

Introducción
A lo largo de nuestra vida nos hemos hecho muchas preguntas trascendentales: ¿Dios existe? ¿Por qué hay tanta maldad en el mundo? ¿Por qué les pasan cosas malas a personas buenas?

Sin embargo, tal vez no siempre estamos haciendo la pregunta correcta. Si somos honestos, la cuestión podría formularse al revés: ¿Por qué le pasan cosas buenas a la gente mala?

Muchas veces enfocamos nuestras dudas desde una perspectiva centrada en nosotros mismos. Pero el evangelio no comienza con el hombre, sino con Dios: con Su santidad, Su justicia y Su gracia.

Idea central
El problema no siempre está en las circunstancias, sino en la manera en que formulamos nuestras preguntas.

Cuando cambiamos el enfoque de nosotros hacia Dios, descubrimos que no se trata de cuestionar Su justicia, sino de reconocer Su gracia.

La pregunta correcta no es por qué sufrimos, sino por qué, siendo pecadores, recibimos misericordia.

Desarrollo
Las Escrituras afirman con claridad que no hay justo, ni aun uno (Romanos 3:10–18). El corazón humano, por naturaleza, se inclina continuamente al mal. Entonces, si somos honestos, la pregunta no debería ser por qué ocurren cosas malas, sino por qué recibimos cosas buenas.

Si Dios fuera solamente justo, ninguno podría reclamar bendición alguna. Sin embargo, porque Él es bueno, disfrutamos diariamente de dádivas inmerecidas: salud, alimento, trabajo, provisión y oportunidades. Eso no es derecho; es gracia.

En una ocasión, Jesús y sus discípulos atravesaban el mar cuando se levantó una gran tempestad. El miedo los invadió y despertaron al Señor. Él reprendió al viento y al mar, y todo se aquietó. Los discípulos, asombrados, preguntaron: “¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?”

Pero quizá esa tampoco era la pregunta correcta. Tal vez debieron preguntarse: ¿Cómo hemos podido navegar tantos años sin este Hombre en nuestra barca?

El problema no era la tormenta, sino reconocer quién estaba con ellos. Y así sucede hoy: no siempre necesitamos respuestas nuevas, sino preguntas que nos conduzcan a reconocer la gracia y la autoridad de Cristo.

Aplicación
Antes de cuestionar a Dios, revisa tus preguntas. No se trata de por qué ocurre la tormenta, sino de quién está en tu barca.

Reconoce Su gracia y pon a Cristo en el centro cada día, no solo en momentos difíciles.

Conclusión
Si hoy disfrutamos de bendiciones inmerecidas, no es por justicia propia, sino por Su misericordia.

Reto o desafío
Esta semana, antes de cuestionar tus circunstancias, pregúntate: ¿Estoy reconociendo la gracia de Dios? Y asegúrate de que Cristo esté en tu barca, no solo cuando haya tormenta, sino cada día.


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